Masculinidades

El fútbol como espacio cultural es uno de los lugares privilegiados desde donde, en países tan futboleros como el nuestro, se define cómo debe comportarse un varón.

¿Qué quiere decir esto? Los géneros son construcciones sociales-culturales que indican formas “correctas” del ser varón o ser mujer. La masculinidad hegemónica es el conjunto de características que un varón debe tener para ser tal, según nuestra sociedad: haber nacido biológicamente varón (tener genitales masculinos), ser heterosexual, ser fuerte, ser el proveedor de la familia, no demostrar sentimientos, nunca ser vulnerable... y ser futbolero.

Cualquier característica que se salga de la norma, pone en juego la pertenencia: si a un niño no le interesa el deporte, se lo imponen, si es demasiado sensible, se lo endurece, si quiere hacer danza, que sea una masculina (quizás hiphop, pero no clásica).

Lo que es seguro es que ninguno nace "con la pelota abajo del brazo”, sino que desde el comienzo de sus vidas alguna de las personas adultas que tiene en su entorno tomará la responsabilidad de asignarle un cuadro de fútbol, regalarle pelotas (de diversos tamaños y colores), enseñarle a patear y a hinchar por su equipo.  La pasión se construye, ladrillo a ladrillo.

En la escuela y fuera de la escuela, el fútbol configura espacios (quién entra y quién no) y se le adjudica la potestad definitoria de la sexualidad:  ¿cuántas veces las personas adultas se preguntan si el niño al que no le gusta el fútbol será homosexual? O viceversa, si a una niña le gusta se la considera "machona". Solo recientemente las mujeres y la comunidad LGBTI se abre paso, luego de muchas luchas, en las canchas.

Dentro de estos comportamientos permitidos para los varones, está la violencia naturalizada que se absorve en el fútbol: al equipo rival siempre se lo insulta por “ser puto y cagón”, se le pide al equipo “poner más huevo”. Se ven agresiones físicas en todos los ámbitos: entre los jugadores, los jugadores y los árbitros, los hinchas y en los torneos infantiles entre los padres!

Ganar o morir parece ser la cláusula que se transpira en estos eventos. Los buenos jugadores se configuran como héroes, llegando a ser considerados "dioses", porque realizan hazañas que son consideradas de otro mundo. Y estos comportamientos los niños los replican en la escuela... desde sus primeros años.

Es en este sentido que vemos al fútbol como un espacio de “educación” de los géneros, desde donde se construye el ser varón, y en contraposición, todo lo que no es. 

Con la campaña #MundialSinSexismo, lo que buscamos es visibilizar estas construcciones sociales, sin dejar de lado la pasión por el fútbol.

Queremos evidenciar cómo desde las publicidades y el discurso de los periodistas se replican ciertos estereotipos. Queremos ofrecerles una herramienta que nos permita reflexionar sobre los mensajes que recibimos, para replantearnos que tipo de mensajes querremos en el futuro.

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